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"Los críticos no sirven para nada"
11:00
05-01-2012
MUNDO
En un mundo lleno de películas infantiloides en las que los protagonistas dudan sobre qué vestido de boda ponerse, intercambian sus cuerpos con su amigo solterón o trabajan como agentes secretos que escalan hoteles gigantescos en Dubai, un puñado de creadores aún luchan por hacer cine de Hollywood para adultos, con personajes complejos y traumas familiares, y sin dejar ni un momento que el espectador se aburra. En ese terreno, David Fincher (Denver, 1962) es Dios, más aún, es el Coppola del siglo XXI.
 
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Y lo mismo le da el showbusiness informático (La red social) que un relato corto de Fitzgerald (El curioso caso de Benjamin Button) o una panoplia de asesinos en serie (Alien 3, Seven o Zodiac). Fincher habla del hombre, de sus contradicciones, y era lógico que el productor Scott Rudin le ofreciera la versión estadounidense de Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres. Si hablamos de traiciones, periodismo de investigación, venganza, dolor y violaciones, Fincher parece la opción correcta.

Millennium, que se estrena en España el viernes 13, está protagonizada por Mikael Blomkvist, ese periodista íntegro que probablemente jamás firmaría un embargo de crítica de cine... hecho habitual en el reino de los grandes estudios de Hollywood y que el crítico de la revista The New Yorker, David Denby, se saltó para publicar antes que nadie su reflexión sobre Los hombres que no amaban a las mujeres, para escándalo de Sony, la productora de la película... y para gran cabreo del director, que explica airado mediante una interminable perorata: "Entiendo el mundo en el que vivimos, de velocidad constante y de dar el primero la noticia. De acuerdo, pero no deberíamos reventar ese placer al espectador. Más aún, es que a mí no me interesa la crítica en absoluto. No quiero que nadie analice y destripe una película. Solo quiero que me digan "tienes que verla" esas cinco o seis personas cuyo criterio y gusto respeto. Los embargos están hechos para ayudar en una labor. He hablado con Denby de esto, e incluso entiendo la labor de Harry Knowles [creador de la web destripadora de secretos de Hollywood Ain"t it cool news]. Pero no ayudan a este negocio, ni a sus creadores. No es cierto que democraticen las múltiples voces que se escuchan en el mundo del cine. La crítica de Denby fue buena, pero ese no es el asunto. El asunto es que si valoras el sentarte en una sala a oscuras con otras 750 personas a disfrutar de una experiencia emocional, no debes reventarla. Cuanta más gente cuchichee sobre la película, más se degrada la experiencia para el resto. Y por dios, los críticos hablan de los filmes cuando ya están rematados. Su opinión no sirve de nada. Cuando se estrena una película, estate seguro de que alguien ya sabe cómo recuperar su presupuesto. Y en esos planes no entran los críticos".

El cineasta descansa tras un día de mesas redondas con la prensa y entrevistas televisivas. Desecha una inmensa mesa preparada para la entrevista y decide ni levantarse del sofá donde descansa su cuerpo de oso grizzly. Lo que sigue es un intento poco fructífero por transcribir y comprimir 35 minutos de charla en los que Fincher solo respondió a seis preguntas: si su cine es complejo, sus respuestas aún más. No existe el sí o el no en su mundo, sino el discurso prolijo, repleto de secuencias de títulos míticos que explican visualmente lo que quiere contar. Y lo que quiere contar, normalmente, es duro, serio. "Crecí en una época en la que nos moríamos de ganas de que estrenaran El padrino o Alien. Me gustaba aquel sentimiento, aquellas colas esperando a comprar la entrada... Ya sé que el cine ha cambiado. Todo hoy se centra en franquicias, en juguetes... y yo me muevo en otra... No sé escoger una palabra, porque formo parte de Hollywood, y tampoco creo en eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. He tenido una suerte enorme, trabajo con grandes presupuestos, con quien quiero, y me gusta lo que dirijo. Algunos lo llaman arte porque no recauda 1.000 millones de dólares, y no es cierto: a La red social le fue increíblemente bien en taquilla -en EE UU recaudamos el doble de lo que nos costó-, aunque en cambio El club de la lucha supuso un desastre en su estreno. El truco es filmar algo que a ti te interese, y mirar más allá de los personajes y de lo obvio".
 
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