MarÃa tiene 33 años, estudió administración de empresas, 2 posgrados cortos y estudia ahora la posibilidad de encarar un master. Trabaja de 9 a 11 horas por dÃa, conduce su propio auto, el que pagó con un crédito bancario; va al gimnasio a hacer spinning 3 veces por semana, más para beneficiar a su conciencia que a su cuerpo, y está en pareja hace 2 años con un odontólogo separado con 2 hijos pre adolescentes que está empezando a conocer.
Tiene amigas de la escuela, tiene amigas de la facu, y una al menos de cada trabajo que tuvo; a medida que los años pasan la posibilidad y tolerancia van mermando sus energÃas para conocer gente nueva.
Le encanta comprarse ropa. De vez en cuando hace malabarismos para pagar el resumen de la tarjeta de crédito, y no pocas veces paga solo el mÃnimo. Las expensas suelen ser un factor variable en este terreno y un crimen poco confesable. Llora 3 veces por mes, aproximadamente. Las causas pueden ser: un atracón bulÃmico de chocolate, un grito o discusión con su pareja, o un jean que apretó demasiado y la hizo sentir una morsa.
Usa crema hidratante para rostro y busca que tenga factor solar y que sea antiage. Que no tenga retinol, para no generar adicción antes de tiempo, porque alguna vez lo leyó por ahÃ. Obviamente usa una especial para contorno de ojos y otra para el resto del cuerpo.
En la panza se pone un gel lipolÃtico que le vendió la esteticista, a la que acude cuando el cuerpo lo pide, a ponerse electrodos para “levantar” lo que inevitablemente cae. Como el gimnasio, a veces el efecto es más beneficioso para el ánimo que para la cintura. Odia que le hagan el brushing con las puntas “para adentro” porque la hace sentirse en los 80s, y le hace acordar a esa tÃa solterona. El brushing siempre con movimiento y en algunas ocasiones, recurre a la planchita casera.
No limpia jamás su casa: le paga a “Ramona” una señora viuda paraguaya que si bien de vez en cuando le saca un poco de mercaderÃa sin aviso, es un amor. Ramona no es negociable y es altamente codiciada por su grupo de amigas: sin su ayuda su vida empieza a colapsar. Hace mucho delivery y cuando cocina es solo por placer.
Cambió de ginecólogo recientemente, porque la anterior la hacÃa sentir incómoda y solo le sonreÃa a las mujeres casadas. Por suerte con su nuevo médico, puede hablar de congelar óvulos, de pastillas anticonceptivas, de sexo oral sin que éste convulsione.
MarÃa trata de ver a sus amigas cuantas veces puede, pero también a veces se harta de estar yendo de un lado al otro cumpliendo con eventos sociales; olvidate que se meta en un boliche, un buen plan puede ser una simplemente una buena peli y comer helado.
Quiere progresar en su carrera porque no le gusta sentirse mediocre, pero, sabe que ese laburo que tiene le serÃa bárbaro con un bebé y que suma vacaciones, beneficios y facilidades. Se preocupa por tener su propia casa algún dÃa pero por ahora lo deja en las “misteriosas vueltas del Señor”, antes que a las polÃticas crediticias del gobierno de turno.
De esta manera, MarÃa es de las que tiene en la cama un libro de Humberto Eco sobre “La historia de la belleza”, sabe mucho de filosofÃa, pricing y finanzas; pero a la noche lo único que lee es novelitas románticas, sencillas y ridÃculas tipo “HarlequÃn” y “Jazmin”.
MarÃa es compleja, cambiante, moderna. Es de la generación de la transición, no sueña con la fiesta de casamiento pero tampoco quiere quedarse sola. Disfruta la vida en pareja. No sueña con ser madre, más por el temor a perder su libertad que por el hecho en sà de tener hijos; sà sueña con quizás tener ese ascenso o ganarse ese laburo que le de satisfacción a su ego.
Porque el ego de las mujeres modernas pasa por la autosatisfacción. Ya no depende de una otredad; sea este un cordón umbilical o la billetera del marido, o el resultado del boletÃn del hijo. Esas son alegrÃas, pero no son fundantes de su autoestima.
Sin embargo, a MarÃa las revistas de moda le siguen hablando de “Cómo darle placer a tu chico”, o “Cómo no temer pedir lo que mereces”. En sus charlas con amigas madres aun no puede hablar de temas tabú como “la sexualidad después del parto”.
Y cuando quiere relajar, y ver un poco de tele, la publicidad la sigue retratando teniendo affaires con un dibujito animado que la ayuda a dejar la casa brillante, vestida de colores beige, en ocasiones con delantal, pasándose el dÃa probando tácticas para estar deshinchada , cantando canciones con pajaritos mientras lava ropa, limpiando la casa de gérmenes y soñando con tener medias muy blancas.
Y encima, nos quejamos y somos unas incomprendidas. Cuando tenemos la felicidad y todo lo que necesitamos para ser felices, al alcance de la mano, en el supermercado.